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Duelo histórico venido a menos el que se llevaron los Chicago Bulls por 94-82 ante unos Boston Celtics que demostraron ser un equipo inferior, y más reverdecido que los Bulls, que con Rose serían un buen bizcocho en el punto de temperatura de ideal. Duelo en el que se enfrentaron viejas rencillas, de las que pocas quedan en un grupo Celtic tan renovado y en una rivalidad ya carente de estrellas. Al menos vimos un basket intenso, defensivo, y emocionante, sobre todo por parte de los Bulls, que recordaron a los Bulls de la mejor época de Thibodeau. Una victoria que además le sirve a Chicago (13-18) para volver a meterse en PlayOffs y echar precisamente a los Celtics (13-19) que ni tankean ni tampoco van por buen camino.

Interesante primer cuarto en el que pronto se evidenció los problemas de los Celtics en la pintura, donde tienen un solar de dimensiones desproporcionadas a modo de juego interior. Los Bulls, a quienes por los menos les están respetando las lesiones en sus hombres grandes, no estaba dispuesto a desaprovechar tal ventaja y desde el comienzo Boozer y Noah se pusieron manos a la obra en el apartado ofensivo ofreciéndose en cada circulación de ataque. Noah  aportaba más desde el apartado de aclarados para sus exteriores, rivalizando además bajo los tableros, mientras Boozer (8 puntos, 4/7 y 3 rebotes) desempolvaba su buen tiro de 4/5 metros que escasamente reluce en estos Bulls. Los Celtics no se veían capacitados para defender con cierta holgura a tales gigantes, a través de Sullinger que le pone entrega pero le faltan condiciones, y Bass que no acaba de aportar ni lo primero ni lo segundo. Los de Chicago planteaban un baloncesto más ordenado, más táctico, en el que los bloqueos e interacción de los pívots es fundamental para anotar. Mientras tanto, Boston exponía un juego más desordenado, sin un ideal claro, y dependiendo excesivamente de la inspiración anotadora de Jordan Crawford (6 puntos, 2/2 y 3 asistencias), que por suerte para los Celtics, comenzó fino de cara al aro. Le supieron acompañar, desde el perímetro Avery Bradley y la dupla de semi-interiores Sullinger y Bass (11 puntos, 4/8 entre los tres), desde media distancia, con el que ajustaban el final del primer cuarto a un marcador de 21-24 favorable a los de Chicago. Un primer cuarto en el que las diferencias en el marcador fueron mínimas (hasta 8 cambios de líder) y en el que Chicago me dejaba mejores sensaciones que los de Massachussets.

Algo que no se evidenció al comienzo del segundo cuarto donde una serie de malas decisiones en ataque de los locales más alguna que otra pérdida de balón en los inicios de las jugadas, provocaron el primer aviso de los Celtics (8-0 de parcial de comienzo de cuarto) gracias al buen hacer de los reservas, que entraron con bastante más intensidad y dureza en defensa que el quinteto titular. Por suerte para los aficiones al United Center, los de Thibodeau reaccionaron pronto tras tiempo muerto, de nuevo desde la pintura con un Taj Gibson (6 puntos, 3/7 y 3 rebotes) que ejercía momentáneamente el papel de Boozer mientras que este descansaba, y sobre todo, gracias a la ayuda de los exteriores Dunleavy y Augustin (9 puntos, 2/5 entre los dos), que poco a poco van demostrando sus interesantes facultades ofensivas tras su recientes llegadas a la franquicia. Así mientras que los reservas de los Bulls aguantaban las diferencias, e incluso se atrevían a reducirlas, pronto volvieron la dupla de pívot titulares con el que se volvió a denotar la diferencia de calidad con respecto a los rivales que le defendían. Por ello, Boozer (14 puntos, 7/10) se marco un cuarto perfecto de cara al aro y Noah (4 puntos y 6 asistencias) ejerció de perfecto asistente ayudando continuamente a sus compañeros de perímetro. El problema lo tuvieron al otro lado de la cancha donde provocaron demasiadas faltas para la diferencia física y técnica que existía sobre la pintura. Hasta 9 faltas hicieron los Bulls, por 8 de los Celtics, entrando el partido en una vorágine de pitidos de árbitro y juego continuamente parado, muy típico del Este en PlayOffs. La subida en la intensidad defensiva de ambos equipos, y la inteligencia de los exteriores de Boston propiciaron que se llegara a tal situación. Es por ello que Boston supo aguantar la remontada de Chicago (del 8-0 inicial al 6-18 para Chicago) y aferrarse a 3 abajo en el marcador (45-48) al término del primer tiempo.

Tras el descanso el encuentro fue in crecento con buenos minutos de calidad de Joakim Noah (11 puntos, 4/8, 7 asistencias y 7 rebotes) que por momentos, como si de Rose se tratara, se encargó de dirigir al equipo, ofreciendo diagonales desde el perímetro donde se deshacía de su defensor para luego buscar el hueco y dar la asistencia oportuna al exterior de turno. Gracias a esta casi inédita faceta del francés, los Bulls se marcharon de 10, tras un parcial de 11-4, donde Deng (12 puntos, 5/9) fue el máximo ejecutor. Ante esta nueva disposición ofensivo de Chicago, no supo reaccionar Boston, que están muy crudos en defensa, y tampoco en ataque donde se empecinaron demasiado en meter canastas bajo los tableros donde la buena defensa local se supo imponer con notabilidad. Por suerte para los verdes, entró Sullinger (11 puntos, 5/9 y 9 rebotes) que añadió fuerza y condiciones bajo la pintura para encestar esos tiros que anteriormente se fallaban. Además volvieron a trabar el juego con faltas y continuas interrupciones que cortaron el ritmo de los de Thibodeau. De esta manera, pasaron del 51-61 al 60-64 en pocos minutos en el que también fu fundamental la buena defensa de Bass para parar las diabluras de Noah en la zona. A pesar de ello, un sprint final de los de Illinois les dejaron 8 arriba (62-70) a falta de los últimos 12 minutos, demostrando la mayor solidez de los locales ante la fragilidad ofensiva de Boston que iba a remolque todo el encuentro.

Para el último cuarto los Celtics no aguantaron tal nivel de exigencia en ataque y se bloquearon de cara al aro. Sus jugadas, especialmente sencillas para la defensa de Chicago se veían diluidas ante tal superioridad bajo los tableros de los Bulls, y desde la línea de perímetro no encontraron la confianza necesaria como para erigir la remontada desde esta zona de la cancha. Así, Chicago se aprovechó del buen hacer en defensa para estimularse en ataque y encontrar los espacios necesarios a través de un baloncesto fluido donde el balón se balanceaban de costado a costado, terminando en la zona ante una debilitada y depresiva defensa Celtic. Para colmo de males, reservas como Dunleavy o Gibson (23 puntos y 9/20 entre los dos) se unieron al festival para firmar un parcial de 18-8 con el que se marcharían definitivamente del encuentro. Apenas la inspiración individual de idas a venidas de Crawford salvaba de la humillación en estos minutos donde se demostró que hoy por hoy, a pesar de las bajas en ambos bandos, Chicago tiene más recursos a los que optar, más apoyos defensivos y es un equipo más hecho que sus vecinos de Boston. Sólo la mala suerte les ha apartado de la posibilidad de ser un contender al anillo. En cambio, Boston para por una travesía sin rumbo, una temporada de transición a la espera de la vuelta de Rondo y la llegada de caras nuevas en verano. Poco más pueden hacer este año los verdes. Unas últimas canastas de Boozer, Butler y Deng, más la constancia en defensa zonal estabilizaron la diferencia cercana a los 20 puntos para así sellar la decimotercera victoria de los Bulls.

Los mejores por parte de Chicago fueron: Joakim Noah con doble-doble de 17 puntos (6/13), 11 rebotes y 9 asistencias, Carlos Boozer con 16 puntos (8/16) y 7 rebotes, Luol Deng con 14 puntos (6/12) y Mike Dunleavy con 11 puntos (4/7).


En Boston Celtics destacaron: Jordan Crawford con 22 puntos (7/11), 7 asistencias y 5 pérdidas de balón, y Jared Sullinger con doble-doble de 11 puntos (5/12) y 11 rebotes. 

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