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Si la semana pasada os hablaba de un tema bastante atípico y estrambótico como son las supersticiones, el asunto de hoy no se queda para nada atrás. En todos los deportes, al menos alguna vez, hemos escuchado hablar de que algún equipo o algún jugador se encontraba preso de una “maldición”. Pues bien, en la NBA, como no podía ser menos, también se han dado casos de “maldiciones”. 

Pero hagamos un paréntesis antes de entrar en el tema en cuestión. No quiero que nadie entienda el término “maldición” como un deseo maligno hacia a alguien ni nada por el estilo. Simplemente, el vocablo se acuña para referirse a una situación negativa en la carrera deportiva de un atleta (por ello mismo lo coloco entre comillas). En este caso, un jugador de la NBA. Os puedo poner algún otro ejemplo, como el caso de que Tracy Mcgrady no pasase nunca una primera ronda del playoffs (Podéis decirme que lo hizo con los Spurs la temporada pasada, sí, pero él apenas contaba ya en la rotación). 

Sin embargo, la “maldición” de la que hoy os hablo es mucho más peculiar que cualquiera de las que he oído hablar en los últimos años. Rudy Gay hace mejores a sus ex equipos. Y sí, habéis escuchado bien. Puede que sea casualidad, pero hasta la fecha, las franquicias en las que ha recalado el alero de Baltimore siempre han mejorado tras su marcha. Y han sido un par. 

Contextualicemos. Rudy Gay aterrizó en los Memphis Grizzlies en 2006, después de haber sido elegido en el draft y traspasado por los Houston Rockets. Desde el primer día, por sus cualidades técnicas y físicas, se convirtió en el jugador referencia de la franquicia de Tennessee, promediando siempre cerca de los 19 puntos por temporada. No obstante, de los seis años en los que estuvo en los Grizzlies, solo en la temporada 2011/2012 lograron colarse en los playoffs (en 2010/2011 también entraron, pero el alero estuvo lesionado y no jugó los PO), y cayeron en primera ronda. Memphis, pese a tener una plantilla llena de talento, parecía destinada al fracaso. 

Pero la cosa cambiaría a mediados de la 2012/2013, cuando los osos decidieron enviar a Gay a Toronto a cambio de Tayshaun Prince. El traspaso no les pudo venir mejor. De hecho, en esa temporada Memphis logró llegar a las finales del oeste y acabó como la mejor defensa de la liga. Además, Marc Gasol se proclamó como el mejor defensor de la NBA. Mejora instantánea. Primer ejemplo.

En Canadá, Rudy Gay se erigía de nuevo como el jugador franquicia de unos Raptors que vagaban perdidos por el desierto. Y por supuesto, el alero no fue el encargado de guiarles hasta la tierra prometida. Sus promedios fueron prácticamente los mismos que a lo largo de toda su carrera, pero los resultados colectivos no eran para nada positivos. Asique una vez más, Gay volvió a ser utilizado como moneda de cambio y recaló en los Sacramento Kings a comienzos de diciembre del pasado año. En aquel momento, Toronto se encontraba con un balance de 6 victorias y 12 derrotas. Pues bien, desde entonces ha llovido mucho en Canadá. A día de hoy, los de Dwane Casey se encuentran terceros en la conferencia este y con un balance de 14 triunfos y 7 derrotas desde la marcha de Rudy Gay. Segundo ejemplo. 



Podéis llamarlo casualidad, está claro, pero los números son esos. Actualmente, el alero se encuentra en un equipo muy prometedor, y donde toda la carga ofensiva ya no recae sobre sus hombros (de eso ya se encarga Demarcus Cousins), algo que no había experimentado aún en sus 8 años en la mejor liga del mundo. Talento le sobra para triunfar, pero le falta actitud de equipo. ¿Logrará por fin acabar con su peculiar "maldición"? El tiempo lo dirá. 


@cr23lopez

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