Ahí
estabas tú, recién instalado en tu nueva casa de Pueblo Paleta, reclamado por
un tal Profesor Oak y ante la decisión más trascendental a la que te habías
tenido que enfrentar en tus apenas 10 años de vida: elegir uno de los tres pokémon
iniciales.
Bulbasur,
Squirtle o Charmander. La ventaja de poder escoger primero y las dudas de
pensar en lo que dejarías a un lado con los otros dos, acrecentadas por saber
que uno de ellos iría a parar directamente a las manos de tu rival.
La
cabeza a funcionar y a sopesar pros y contras. Con los primeros gimnasios
regentados por adversarios con criaturas de piedra y de agua, ¿mejor elegir al
pokémon planta, con clara ventaja sobre los contrincantes iniciales? ¿Optar por
la tortuga, lista desde el primer momento? ¿O decantarse por el dinosaurio de
fuego, con unos primeros pasos más difíciles, pero con unas posibilidades tremendas una vez desarrollado?
De
una manera similar veo a los general managers de las “afortunadas” franquicias
que consigan las primeras elecciones del próximo draft. El entrecomillado tiene
toda su razón de ser ya que, aunque no vamos a negar que hacerse con el número
uno del sorteo es algo realmente bueno para el equipo, para el pobre diablo
encargado de decidir en que invertirlo va a ser un auténtico marrón.
Tendrá
la misma duda que los jóvenes entrenadores tuvieron en su Game Boy hace años,
solo que cambiando los nombres de los pocket monsters por los de Julius Randle,
Jabari Parker y Andrew Wiggins*. El primero una auténtica bestia, una maravilla
física que se siente como un hombre entre niños en la NCAA. El segundo, el más
hecho de los tres, un point-forward con su juego desarrollado y preparado para
aportar desde el minuto uno. Y el tercero, el más esperado, un potencial enorme
pero todavía por terminar de hacerse.
Con
las cartas sobre la mesa, cuando Adam Silver pronuncie el “With the number one
pick, the _____ select…” no solo estará en juego todo lo que podrá ser, si no
también todo lo que no será. Presión de la afición, de los medios e incluso de la propia NBA… elegir a uno significará irremediablemente renunciar
a las otras dos promesas, sabiendo que sus carreras serán examinadas,
analizadas y comparadas hasta el último detalle mientras pertenezcan a la liga.
Ser
recordado como el GM que se hizo con la gran superestrella de los próximos 15
años o como el que eligió mal y drafteó a un fiasco dejando pasar a uno o dos
futuros Hall of Fame. Definitivamente una posición incómoda que ocupar el 26 de
junio de 2014, más aún teniendo en cuenta que aquí no va a haber ninguna
Edición Amarilla que permita hacerse con todos.
*
Hay otros nombres como Dante Exum, Marcus Smart y Aaron Gordon que también
están en la disputa, pero descartamos a los dos primeros por la abundancia de
buenos bases en la liga y al tercero pro estar un peldaño por debajo del resto.
Mario
Herráez
@MarioHerCa
@MarioHerCa

GENIAL artículo Mario, todo lo que diga se queda pequeño, enhorabuena y qué envidia me das. Ojalá haga uno la mitad de bueno que este.
ResponderEliminarPor cierto que todo apunta a Andrew 'Pikachu' Wiggins, ¿no?
ResponderEliminarTodavía es pronto para pronunciarse, pero por lo que he visto hasta ahora... soy más de Jabari Parker. En el Duke-Kansas le vi como un puro point-forward estilo (salvando las distancias) Pippen o LeBron: llevando el timing del partido, subiéndola, anotando repartiendo juego... aunque flojo en defensa
ResponderEliminar