Rebuscando en varios historiales sobre el palmarés histórico de la selección canadiense de baloncesto, difícilmente encontramos 3 medallas de bronce y 2 de plata en el FIBA Américas, y una plata en las Olimpiadas de Berlín de 1936. Es decir, una trayectoria bastante pobre. Pese a la cercanía con Estados Unidos, la mayor potencia baloncestística del mundo, las generaciones canadienses que se han dedicado al baloncesto a lo largo de su historia no han sido muy talentosas. Con la excepción de Steve Nash en los últimos años, aunque recordemos que su presencia en la selección ha sido muy esporádica. Individualmente, y dejando a un lado al base de los Lakers, podemos destacar a jugadores como Joel Anthony, Rick Fox o Todd MacCulloch, y todos han sido meros jugadores de rotación en la NBA.
Sin embargo, la situación para el baloncesto canadiense parece que puede cambiar de aquí a unos años. La mejor liga del mundo se está llenando de jugadores provenientes del norte, cada vez más talentosos y con un mayor peso deportivo dentro de sus equipos. De esta forma podemos nombrar al base de los Spurs, Corey Joseph, quién cuajó unos buenos minutos en las ultimas finales, el pivot de Dallas; Samuel Dalembert, Tristan Thompson; quién será una pieza fundamental en el proyecto de los Cavaliers, o el joven Tyler Ennis.
Y la cosa no acaba ahí. El último e histórico número 1 del draft, Anthony Bennett, también tiene el pasaporte canadiense (y decimos histórico puesto que es la primera vez que un jugador de este país logra la primera posición), al igual que la futura esperanza de los Celtics, Kelly Olynyk, un pivot de 2,13 con los movimientos y la inteligencia de un base, además de un tiro exterior más que sobresaliente. Y por último, y en mi opinión más importante (aunque aún lo tiene que demostrar), Andrew Wiggins. La sensación actual de las ligas universitarias e indiscutible número 1 del próximo draft. Muchos afirman que es la mayor estrella universitaria desde la época de Lebron James, aunque este llegara directamente desde el instituto. Un chico que anda sobrado tanto de físico como de técnica (pero con detalles aún por mejorar, lógicamente). Y del quién se espera que sea la futura estrella de esta selección.
Oh Canadá! Our home and native land… Así empieza el himno canadiense. Una letra que no estamos muy acostumbrados a escuchar en competiciones internacionales, por lo que menos en este deporte. De forma que esa será la misión de esta nueva camada de deportistas. Llevar a su país a lo más alto del olimpo baloncestístico. Y si todo sale como se prevé, no hay duda de que pronto los canadienses estarán codeándose con EEUU, España o Francia por un puesto en el podio.
Cristian López Ramírez
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